Un tiempo atrás, Andrew Zimmern, mencionó: “Si huele mal, está en la calle, y es de mal aspecto….hay que probarlo”.

Esta viene siendo una de mis premisas a la hora de hacer millas.

Parte de los mejores sabores que probé en los viajes, surgen de pequeños puestos callejeros, de cocinas rusticas, de lugares grasientos. No dejo de ir a lindos restaurantes, de probar comidas gourmet; pero algunos de los sabores mas ricos que retengo vienen de los lugares ya mencionados.

No puedo sacar de mi sentidos los puestos de cartagena, con sus frutas, sus dulces… El Resto popu de Sonsonate, donde la gallina se mataba y se cocinaba en el lugar… La feria de antigua, donde aquellas madres cocinaban con amor unas ricas arepas o empanadas… Los puestos de Bogota, donde el agua, el te eran bien sabrosos… Los pequeños puestos ruteros de Brasil, donde el caldo de cana con limao es irresistible.

En este caso particular, hablo de un resto perdido en la ruta, en un pueblo llamado Cacapaba do Sul (Casapaba do Sul). Un lugar peculiar, al lado del camino…comparable con algún resto del once, o peor.

Y que se come? preguntó alguno. Se come lo que traigan… Un churrasco que jamas harías en tu casa, con un huevo frito bien frito, ensalada, arroz blanco, papas, farofa bien rica, y una feijoada que habría que saber de donde sale el agua para poder saborearla mas.

Los sabores fueron ideales. Una felicidad en tu boca. El precio…justo y mejor.

Los restos gourmet o bien terminan haciendo, salvo comidas típicas, sabores que ciertamente pueden ser probados en cualquier parte del mundo sin importar donde uno este. Pero el sabor de esa comida cacera, la amabilidad de quien la hace y la sirve, el sabor, y creo yo, la intimidación del lugar, hacen de los lugares mencionados algo único.

Animate… que es lo peor que te puede pasar?

Aclaración: Este es mi primer post, de muchos que seguirán apareciendo, gracias a la invitación de diego a compartir este lugar. Nicolás.