Archive for March, 2010

Kamikaze Metal Bar

Era diciembre del 2004 y yo a mediados del mes tenía que enviar mi pasaporte por correo al Home Office para poder renovar mi visa de trabajo en Inglaterra, había rumores que el pasaporte te lo podían llegar a retener hasta 3 meses, con lo cual, eso significaba 3 meses sin poder salir del país porque básicamente quedabas indocumentado. Ante este panorama sombrío decidí que lo mejor era hacer un viaje de fin de semana a Varsovia, un lugar al cual siempre quise ir, sin motivo alguno y aparente, quizás fue mi deseo de la búsqueda constante del frío o de la nieve. Para el fin de semana del 10 de Diciembre del 2004 me estaba embarcando en el avión que luego de dos horas y media me llevaría a Varsovia.

La llegada al aeropuerto polaco fue desde ya un poco traumático porque realmente no entendía nada, pero nada de nada y tenía que llegar a mi hostel que previamente había bookeado. Logro hablar con unas personas ahí y un bus me llevaba muy cerca, por suerte el polaco, se puede leer y retener, no es como el alemán y holandés que no puedo ni siquiera retener el nombre de una calle, acá podía retenerlo, desde ya que con un mapa en la mano, llegué a destino. Caminando, llego al hostel en donde me presento y al mostrar mi pasaporte, me dicen, ah, ¡argentino! y pasamos de hablar en inglés a un castellano fluido. La muchacha que me atendió era polaca, pero había tomado clases de español y en momentos lo hablaba mejor que yo. Una de las preguntas que le hago, como a todos los lugareños, es dónde están los pubs. La chica sorprendida, fue como si yo le preguntara si en Varsovia hace frío. Agarró mi mapa y empezó a poner una cruz en donde había un pub, el mapa quedó como si hubieran hecho voodoo sobre él.

Empecé mi recorrida y tenía gran interés por ir al casco viejo de Varsovia, me encontré con partes parecidas a Praga por los colores y por la ubicación de los edificios. Hacía un frío que no me voy a poder olvidar fácilmente, recuerdo que llevaba un gorro de lana y el frío se filtraba por los huecos que la propia lana deja y sentía como si me estuvieran pinchando la cabeza. Tuve que reforzar los guantes ya que no podía soportar el frío. Esto en pleno Otoño, ni me quería imaginar en invierno como sería. El viento era directamente traicionero, el frío pegaba con fuerza en mi cara y ya no sabía cómo esconderla. La necesidad de entrar a un Pub ahora tenía más sentido, necesitaba un refugio.

Estaba caminando por una plaza que hay en el casco viejo y había un cartel que decía Metal – Bar, simplemente eso.

Barra de Metal Bar

¿Metal – Bar? Suena como si yo le hubiera puesto el nombre. Decido entrar sin titubear y me encuentro con una barra con una cantidad inimaginable de botellas de todo el mundo. Empiezo a hablar con el barman que me entero que era el dueño del lugar, mientras miraba de reojo la impresionante barra. La misión del muchacho, era tener por lo menos una botella del trago típico de cada país, en ese momento contaba con 280 botellas sin repetir y me comentó sus planes para seguir ampliando la cantidad. Como argentino mal acostumbrado, tomé Fernet ya que en Inglaterra no se podía encontrar y ahí sí, hasta que en un momento, me dice: ¿Cuando vas a probar bebidas polacas?. El frío que me esperaba afuera ameritaba probar. En Polonia son especialistas en vodkas, hay dos clases, uno que se hace en base a la papa y otro en base a un pasto en particular. El barman me mostró una botella que directamente venía con un poco de pasto adentro. Nunca en mi vida había visto algo así. Primero me preparó un Vodka Sour que admito que fue uno de los mejores tragos con vodka que probé en mi historia y luego me dio una medida del vodka con pasto.

En un momento veo que se sientan dos parejas atrás mio y veo que el barman empieza a prepara diez (10) shots de color verdoso. Se efectúa el siguiente diálogo:

Kamikaze

Yo: ¿Qué es eso?.

Barman: Kamikaze.

Yo: Bien. ¿Qué tiene?

Barman: Vodka, Almíbar, Blue Curazao y Limón

Yo: ¿Y te pidieron así de una 10 para los 4? (El barman estaba preparando 10 shots).Ustedes si que beben.

Barman: No, cada Kamikaze son 5 shots. Cuando vos pedís Kamizake, estás pidiendo 5 shots de eso. Esto es solamente para los varones.

Yo: (Ya parecí un bebe de pecho) ¿Y la gente sobrevive a eso?

A los 10 minutos estaban pidiendo otra ronda. Me sentí muy inferior.

El pub se encuentra acá:


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Imposible no hablar de tréboles

Inevitable no escribir sobre esta celebración irlandesa dentro del marco del turismo. Iba a hacer una breve reseña de lo que es Saint Patrick, pero prefiero ponerles un link a Wikipedia acá. Sinceramente, vayamos a lo importante, que es cómo se celebra, basicamente, bebiendo cerveza irlandesa o cualquier otra cosa que sirva para festejar.

Honestamente no tengo festejados St. Patricks en todo el mundo como me gustaría, pero sí tengo uno en Inglaterra y

Guinness con Trébol

me gustaría compartir la experiencia. En ese momento estaba viviendo en Camberley, o sea, ni siquiera era Londres, tal como lo he mencionado en reiteradas ocasiones, Camberley es un pueblito chico y de población mayormente vieja, hasta ahora, nada auspicioso, el tema de Camberley, es que tiene más ofertas de pubs de pueblitos aledaños, con lo cual la gente de los otros pueblitos de edades tempraneras, se suman al poblado para festejar.

Yo tenía mi grupo de amigos ingleses y lo que se hace durante un St. Patrick, es lo mismo de siempre: Pub Crawl, o sea, ir de pub en pub hasta ver borroso o directamente que te tengan que sacar a la rastra. Es decir, igual que cualquier otro día, pero con la diferencia es que se toma mayoritariamente Guinness por ser la cerveza irlandesa más accesible y rica. Con mi grupo de amigos, arrancamos en un pub que era de la cadena Wetherspoons, que es el más barato, sabíamos que iba a ser una noche larga de Guinness, entonces a amortizar las rondas. Lo bueno fue, que nos daban un prendedor por cada pinta tomada, y a las 5 pintas, te regalaban un sombrero bastante elegante haciendo referencia al St. Patrick de ese año. A la hora, todos ya teníamos un sombrero puesto y con un nivel de alegría sorprendente. Lo bueno es que salíamos del Wetherspoons, y veíamos que la calle estaba repleta de gente con el sombrero del mismo motivo puesto. Yo recuerdo haber llegado a las 6 pintas de Guinness y los ingleses algunos iban por la 7ma y por la 8va.

Recuerdo que quisimos ir a otro Pub, obviamente ya estábamos todos luciendo los sombreros y el muchacho de la entrada que maneja el ingreso, nos dice que no se puede entrar con el sombrero puesto. Nos reímos a carcajadas, y nos fuimos al pub de al lado, el cual sí nos dejó entrar. ¡Inaudito! Todo el pueblo con el sombrero de St. Patrick puesto ¿y nos niegan el acceso?

Esa noche pasamos mínimo por 4 pubs, que Camberley, a pesar que es chiquito, pubs no le faltaban. A lo último

Juego que no se el nombre

llegamos a un pub chiquito, pero muy lindo en donde, a riesgo nuestro, jugamos a los dardos (típico de Ingleses) y otro juego tipo pool/snooker/billar pero con obstáculos que no se el nombre, ¡vean la foto!. En ese momento de jugar a los dardos, uno de los ingleses tuvo la mala idea de empezar a completar la media docena de pintas de Guinness con shots de Tequila. Fueron 4.

Estos amigos eran todos compañeros de trabajo. Al día siguiente uno de los chicos estaba durmiendo abajo de su escritorio. Otro de los chicos terminó durmiendo adentro de su auto. Yo terminé llamando a quien era mi novia en ese momento (ahora mi esposa) diciéndole lo feliz que estaba. Paupérrimo.

La experiencia igualmente es increíble, si lo hiciera de nuevo,  desde ya que lo haría más relajado, ¡pero en algún momento hay que hacerlo!

De Sultan Ahmed a la Grand Centraal

Así como mencioné los motivos por los cuales no soy demasiado amante de la playa, quería comentar en este post el porqué si soy amante de los recorridos por ciudades. No es el único tipo de recorrido del cual soy amante, pero bien se contrapone con lo que es el prototipo playero.

Recorrer las ciudades por mi cuenta me dan una adrenalina increíble, sobre todo si la ciudad no habla el mismo idioma que yo (español, natural e inglés me defiendo). Por ejemplo cuando llegué a Amsterdam por primera vez. Bajé en el aeropuerto, me fui en un tren hasta la Grand Centraal y de ahí, a modo casi intuitivo tomé un Tram que me llevaba cerca del hostel al cual iba y que finalmente llegué. Recuerdo tener un mapa en mi mano y no poder retener los nombres de las calles y tratar de ir comparándolos con los que leía en los carteles y no eran ni parecidos. Más de uno que lee puede pensar que básicamente me gusta perderme, pero no es así, el ir prestando atención hasta llegar a un destino es genial.

The Sultan AhmedLo mismo me pasó en Estambul, ya con mi mujer, una pequeña van nos llevó y nos dijeron que nos teníamos que bajar cerca de la estación de Metro de SultanAhmed, de ahí tomar el Metro y luego “caminar”. Costó mucho llegar, pero el hecho de decir, pude llegar sin necesidad de un taxi me dio buena adrenalina.

Fuera de esos dos casos concretos en donde tenía que ir a lugares específicos, me gusta salir a recorrer la calle, ver qué es lo que pasa y por supuesto encontrarme con los iconos de las ciudades. Un gran ejemplo es Roma, en donde por ejemplo, para llegar a La Fontana di Trevi, tiene que recorrer pasillos en donde sólo puede escuchar el agua, pero no puede ver a la fuente hasta que finalmente la tiene en frente. Esto sucede porque los romanos en su momento jugaban con las perspectivas y en cierto punto con el suspenso de llegar a la Fontana. La sensación de ir caminando y que se vaya escuchando el ruido del agua cada vez más fuerte y no poder hacer contacto visual, es buenísimo, sólo los romanos pueden hacer estas cosas.

En otros aspectos hay edificios o construcciones que son tan imponentes por sí solos que ya hacen que el viaje valga la pena. La Torre Eiffel es algo así, he ido a Paris tres veces y cada vez que voy me quedo horas mirando la Torre sin motivo alguno, simplemente mirándola, y mirándola, y mirándola … y sin tener en cuenta a la noche que hay juego de luces sobre ella.

Ni mencionar el Big Ben en Londres que lo he visto cientos de veces y no obstante tiene una belleza que me incauta, lo he mirado desde todos los ángulos posibles y así y todo me sigo sacando fotos con él. Espero ansiosamente las campanadas cuando la hora es en punto y me sorprende que sea un edificio de más de 200 años y luzca como si hubiera sido terminado ayer.

Simplemente la atracción que siento a este tipo de cosas es muchísimo más fuerte a la de no hacer nada en una playa.

Los lugareños y su magia

¿Que sería de los viajes que hace uno si siempre contara con la ayuda de los lugareños? Según mi criterio, serían aún mejores. Los lugareños tienen la chance de llevarnos a sitios que no tienen ningún tipo de promoción o no son recomendados en Internet y ser simplemente geniales.

Siempre hay que hacerle caso al lugareño, y si el lugareño por ejemplo, deja de conducir por cierta carretera, es porque hay que dejar de conducir por ahí. Recuerdo un viaje en Mendoza, Argentina, que estaba yendo desde la casa de Villavicencio (lugar donde embotellan agua mineral en el medio de la montaña) hacia lo que era Penitentes (centro de ski) y había algunos carteles de advertencia de derrumbes parciales, evadiendo las piedras del camino, seguí conduciendo, hasta que vi que una pequeña van con turistas a la cual venía siguiendo, da la vuelta, retoma y vuelve. Si el lugareño vio que por ahí no se podía seguir, es porque no se podía seguir.

El lugareño siempre te lleva a lugares sensacionales. Recuerdo mi primera vez en Köln, Alemania, en donde tenía un amigo ahí y me comentó que me iba a llevar a “un lugar”. Nos bajamos del tren y nos pusimos a caminar por una calle oscura, en donde no había un alma y, de pronto, abre una puerta y era un montón de gente bailando y haciendo headbanging al compás de Nine Inch Nails. Obviamente, este tipo de sorpresas dependen de los gustos de cada uno, está claro que esto formaba parte de mis gustos. Luego, con el tiempo el lugar se convirtió en una especie de Rave heavy metal, en donde se hacía un círculo y la gente con la música muy fuerte movía sus largas cabelleras. Muy loco, genial y desde ya que no lo hubiera conocido sin un lugareño.

Y el lugareño, desde ya es quien te lleva a comer y beber a los mejores lugares. Recuerdo el caso estando en Oxford, Inglaterra, de haber ido con unos ingleses y uno en particular, había vivido en Oxford con lo cual la jugaba de lugareño. Él mencionaba que había un pub que estaba semi oculto, y la realidad ¡fue así!. Estábamos cerca de la biblioteca de la ciudad cuando vemos que este amigo, se mete por un pasadizo que no decía nada. Bueno, al final de ese pasadizo con algunos vericuetos, nos encontramos con un pub muy antiguo, estamos hablando de más de 100 años, cielo raso bajo y con un jardín para cerveza. Desde ya, ni con mi mejor buena voluntad hubiera llegado solo a ese Pub.

Un lugareño en Ilha Grande nos recomendó un lugar para comer que era una casa de familia, que básicamente había que tocar timbre, te abrían la puerta y en el patio de la casa comías. De más está decir que era una delicia lo que se comía ahí.

Hablar con gente del lugar es fundamental para organizarse, para ver a donde ir y para descartar lugares. Mezclarse con los demás, escuchar y tomar nota es garantía de una mejor toma de decisiones, obviamente, siempre está el riesgo de hacer algo que a otro le gusta y a uno no, pero la verdad, es que la probabilidad es baja.

No culpes a la playa

Estuve hablando con varios amigos sobre destinos de pocos días, de 15 días y de muchos más días y siempre llego a la misma conclusión. No soy una persona a la cual le gusta la playa. En realidad, no es que no me gusta, sino que no la disfruto, claramente puedo decir si una playa es linda, es fea, si tiene comodidades, si no hay ni agua potable e inclusive, puedo intuir si una playa va a ser disfrutada por alguien que es amante de las playas.

El principal problema que tengo con las playas es que me aburro. Estoy tirado al sol, lo puedo tolerar entre 5 y 10minutos; me pongo a leer entonces, saco un libro inmenso que fue difícil de trasportar y leo las primeras 2 hojas y ya

Ilha Grande – Brasil

me siento sin ganas de leer. Me levanto, miro para todos lados, y me pongo a caminar. Camino hasta “aquella piedra” y vuelvo. Vuelvo. Me compro una gaseosa/cerveza o lo que haya, me siento de nuevo en la arena, disfruto del refrigerio. Me voy al mar un rato, vuelvo con arena pegada hasta las rodillas, me seco con una toalla que siempre llevo. La sal se me seca en la piel y me empieza a molestar, me pican las piernas de la sal pegada y ya empiezo a tener calor de nuevo. Me levanto un poco más fastidioso, ya hay viento y se me llenan los ojos de arena. Veo como hay otras personas que siguen en la misma posición tomando sol desde que yo llegué y yo ya hice todo lo que era posible hacer en una playa.

Me vuelvo a un lugar con sombra. Si la playa tenía parador o bar, la cosa cambia, me puedo quedar un buen rato ahí observando, pero para quedarme a la sombra, para qué voy a la playa cuando puedo ir a pub.

Cuando era más pequeño siempre fui de vacaciones a la playa con mis padres, en ese momento no superaba los 14 años y en ese momento no me resultaba tan complicado divertirme, el sol sentía que no me hacía nada y disfrutaba mucho más estar en el mar, los años lograron que estar en una bonita playa de Brasil pueda convertirse en una excursión de sólo una hora.

Dejo algunas preguntas que me estuve haciendo.

¿Qué es lo que tanto disfruta la gente de la playa?

¿No tienen calor después de estar cinco horas de estar expuestos al sol?

¿Cómo hacen para no aburrirse?

Insisto, lo peor de todo, es que he recomendado playas a mucha gente y me lo han agradecido.