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Meia Volta

Uno de los paseos que se puede hacer en Ilha Grande es la media vuelta a la isla, las agencias de turismo te muestran fotos para cebarte y hacerte decidir por hacerla, pero no conforme con eso, nosotros recibimos un discurso de venta que fue de lo mejor que escuché desde que estoy en Brasil. Este pibe Pablo nos dice “Está bueno, porque la lancha para en un lugar en donde hay un helicóptero hundido, en donde viajaban 7 personas y nunca se encontraron los cuerpos. Nosotros siempre tenemos la esperanza que en las excursiones encontremos alguno”. La excursión requiere que haya un mínimo de suscriptos y el medio de locomoción es un botecito pequeño pero de buena velocidad que te changa hasta ciertos puntos clave de la isla. Nosotros teníamos pagada la excursión Lagoa Azul, lugar que estaba incluido en este trayecto, pero agregando unos reales más, teníamos la Media Vuelta, así que como la mañana increíblemente estaba linda, decidimos embarcarnos. En la lanchita aparte de nosotros, venían dos gallegas y una pareja brazuca, el flaco era un gorilón infernal, un oso, gigante mal, ¡pobre espalda de la flaca!

El trayecto arrancó sin atenuantes, primero para salir de la bahía de Abraaxo fue tranquilito, después cuando vio que el mar estaba calmado, el flaco quita a fondo y a los pedos. Ya no me gustaba tanto el viajecito porque rebotaba como zapallo en carro y veía que las cosas pasaban a buena velocidad. Fuera de eso, llegamos a nuestro primer destino que fue Lagoa Verde en donde pudimos hacer snorkeling con un equipo que nos habían prestado en la agencia. No va a ser un antes y un después en mi vida el snorkeling ese, pero estaba lindo, el lugar tenía muchos peces y se podía nadar alrededor de ellos. A partir del mediodía, como no podía ser de otra forma, se empezó a nublar mal, y ya el calorcito que daba el sol matinal iba paulatinamente desapareciendo, entonces, cuando la lanchita salpicaba, ya dejaba de gustarte porque te daba frío en vez de refrescarte. Tal fue así que en el momento en que pasábamos por la zona del helicóptero hundido ni paramos porque nadie se iba a tirar al agua a verlo.

Fuimos para Lagoa Azul, en donde repetimos sistema, hicimos snorkeling y nadamos un poco. Cuando Gorilón se tiraba al agua decía “Esta Geeelaaaadaaaa” y yo pensaba, si ese tipo que fácil debe tener una piel de 5 cm de grosor, más otros 10 cm de pelos siente frío, yo que si bien estoy gordito, cuando me tire hago la gran Walt Disney y me quedo ahí. Junté valor y tomé una bravía decisión, me arrojé al vacío cayendo en el agua. Efectivamente, estaba helada, pero nadando un poco ya te acostumbrabas. Luego de la Lagoa Verde fuimos a almorzar a un restaurant que estaba en el medio de la playa, en donde comimos rabas y fritas, bien livianito, para seguir con el día.

Los brasileros tienen un problema con el frito, cada cosa que uno pide frito, pareciera que está freído con Bardhal o con algo así porque cae ultra pesado, el hígado se quiere ir corriendo después de unas cosas fritas. Acá es todo frito y todo lo que pedís inexorablemente viene con papas fritas y arroz. Luego de comer, caminamos un poco por la playa y emprendimos el regreso. Todo indicaba que el regreso iba a ser igual que la ida, pero no, el clima había cambiado y había un oleaje infernal y ya la lanchita dejaba de ser divertida para ser el Titanic. Agarraba las olas y golpeaba el casco contra el mar, salpicando un montón y ya estando sin rastros del sol, hacía un frío importante. Las gallegas que venían en el fondo de la lancha estaban completamente empapadas y con piel de pollo a más no poder. El oleaje se ponía cada vez peor y hubo que re estibar la lancha para que los golpes que daba el casco contra el mar no produzcan roturas, porque ahí sí, estábamos jugados. La cara de la Negra estaba entre terror y horror, no me di cuenta bien cual era, pero definitivamente no la estaba pasando bien. Por suerte, llegamos sanos y salvos y me tiré al piso a besar el muelle cuando llegué, la verdad que la lanchita con un día picado ni da.

La excursión es muy linda, pero nuevamente, depende horrores del clima, está visto que cuando había sol, la pasamos muy bien y cuando se complicó el clima, ya no nos gustó ni mierda.

Jala Jala

Vamos a hablar un poco de Turquía, el nombre del post está en conmemoración al Turco García quién se tomó el mote de turco porque cuando pedía la pelota decía “Dejala Dejala”, pero lo decía de una forma abreviada y parecía que decía “Jala Jala”.

Hoy hemos llegado a Turquía y fueron un sinnúmero de emociones juntas. Fuimos desde Samos (Grecia) hasta Kusadasi que demoró hora y media. Cuando bajamos de la embarcación aparece un muñeco diciendo que el “derecho de admisión a Turquía” es de €10 por persona. Una locura, fuera de programa por donde lo mires. Aparte, el flaco iba levantando la guita sobre la marcha, nada de tener un puestito, o darte un recibo, era como si estuviera levantando quiniela. Nosotros no teníamos Euros, así que le dije que tenía solamente dólares, el flaco me dijo, vengan, mientras sea guita, dame. Misteriosamente le terminé pagando 20 dólares en vez de 20 euros. El procedimiento era tan turbio por donde se lo mire, que creo que el pibe ni se hacía problema si yo le pagaba 20 pesos. En la salida del puerto, nos estaban esperando dos muñecos que no sé exactamente porqué estaban ahí, pero estaban y nos changaron al hotel.

Los tipos re macanudos, el hotel está bárbaro, la habitación es enorme, tiene aire, heladera, una cama grande, baño súper amplio, secador de pelo y unas cortinas y alfombras muy buenas. Todo esto por €15 la noche por cabeza. Ni bien llegamos, nos atoró uno de los turcos y nos dijo si queríamos ir a experimentar los baños turcos, que ellos tenían como una “excursión” en donde te daban sauna y después te masajeaban. Nos miramos con la Negra y dijimos que sí. Un muñeco nos pasó a buscar en un auto y nos llevó a un boliche de dudosa procedencia. Entramos y nos dice, pónganse en bolas y tápense con estas toallas. Nos pusimos en culo y nos cubrimos con esas toallas, que más que toallas parecían alfombras persas. De ahí, acto seguido, nos fuimos al Sauna. Mil millones de grados, había un termómetro que acusaba 85 graditos Celsius. Un montón, para mi gusto. En el medio de la sesión de sauna, el flaco entró con dos tés de manzana (en vez de tomar birra, o daikiri … té de manzana) La comunicación con estos chicos, no era una charla muy clara, ellos me hablaban en semi turco e inglés y nosotros contestábamos como podíamos.

Luego del Sauna, salimos sumamente chivados y nos llevaron a otra habitación en donde era fácil remontarse a la época del imperio romano. La sala estaba cuasi sellada y era toda de mármol. Tenía algunas columnas de color más grisáceo con capiteles. Había varias tinajas que rodeaban la sala y en el medio como una tarima, todo de mármol, repito. El ritual, consistía en que primero, usando unas basijas que estaban ahí, con el agua caliente que salía de las canillas que daban a las tinajas, nos enjuagamos, para luego, empezar con una exfoliación.

Un muñeco, que se metió en el medio del baño, quien nosotros pensamos que era otro cliente, ya que estaba desnudo con toallita como nosotros, nos incitó a relajarnos y después nos cayó la ficha que era él quien iba a empezar con la exfoliación. El flaco no hablaba ni turco, así que solamente por las señas nos manejamos. La Negra se acostó y el flaco se puso un guante como de cepillo de alambre y entró a rasquetear, vieron cuando en Karate Kid el pibe arranca con “Lustro … Pinto … Lustro … Pinto” bueno, con el guante ese especial y se veía que a la Negra le sacaban pedazos de piel muerta. Para el segundo paso del relax, lo vemos entrar al flaco que nos llevó en auto al lugar (que pensabamos que era un taxi) en culo tapándose con una toalla al igual que el otro turco. El tachero, iba a propinarnos masajes por medio de una técnica jabonosa. El tipo, agarró una funda de almohada, la revolvió dentro de una palangana con jabones, y después, soplando adentro y exprimiendo la funda, sacaba chorros de espuma de jabón que te los propinaba sobre el cuerpo. Acto seguido, a masajear, parecía un kiropráctico, te daba masa, masa y recontra masa, mientras vos estabas tirado sobre el mármol murmurando cosas sobre el placer que te daban esos masajes.

Luego de habernos enjabonado y masajeado a más no poder, nos volvimos a enjuagar y pasamos al “salón” en donde estaba el tachero y el turquito, ya vestidos de nuevo de civil. Nos volvieron a dar té de manzana, que se veía drásticamente distinto al anterior, o sea, no se que mierda tomamos.

La verdad, es que llegamos y desde que entramos no paramos de hacer cosas, sabemos que los turcos te quieren vender de todo a toda costa, pero la verdad es que los tipos, aparte de querer vendernos, nos ofrecen soluciones en donde ellos salen beneficiados. Unos capos.