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Los lugareños y su magia

¿Que sería de los viajes que hace uno si siempre contara con la ayuda de los lugareños? Según mi criterio, serían aún mejores. Los lugareños tienen la chance de llevarnos a sitios que no tienen ningún tipo de promoción o no son recomendados en Internet y ser simplemente geniales.

Siempre hay que hacerle caso al lugareño, y si el lugareño por ejemplo, deja de conducir por cierta carretera, es porque hay que dejar de conducir por ahí. Recuerdo un viaje en Mendoza, Argentina, que estaba yendo desde la casa de Villavicencio (lugar donde embotellan agua mineral en el medio de la montaña) hacia lo que era Penitentes (centro de ski) y había algunos carteles de advertencia de derrumbes parciales, evadiendo las piedras del camino, seguí conduciendo, hasta que vi que una pequeña van con turistas a la cual venía siguiendo, da la vuelta, retoma y vuelve. Si el lugareño vio que por ahí no se podía seguir, es porque no se podía seguir.

El lugareño siempre te lleva a lugares sensacionales. Recuerdo mi primera vez en Köln, Alemania, en donde tenía un amigo ahí y me comentó que me iba a llevar a “un lugar”. Nos bajamos del tren y nos pusimos a caminar por una calle oscura, en donde no había un alma y, de pronto, abre una puerta y era un montón de gente bailando y haciendo headbanging al compás de Nine Inch Nails. Obviamente, este tipo de sorpresas dependen de los gustos de cada uno, está claro que esto formaba parte de mis gustos. Luego, con el tiempo el lugar se convirtió en una especie de Rave heavy metal, en donde se hacía un círculo y la gente con la música muy fuerte movía sus largas cabelleras. Muy loco, genial y desde ya que no lo hubiera conocido sin un lugareño.

Y el lugareño, desde ya es quien te lleva a comer y beber a los mejores lugares. Recuerdo el caso estando en Oxford, Inglaterra, de haber ido con unos ingleses y uno en particular, había vivido en Oxford con lo cual la jugaba de lugareño. Él mencionaba que había un pub que estaba semi oculto, y la realidad ¡fue así!. Estábamos cerca de la biblioteca de la ciudad cuando vemos que este amigo, se mete por un pasadizo que no decía nada. Bueno, al final de ese pasadizo con algunos vericuetos, nos encontramos con un pub muy antiguo, estamos hablando de más de 100 años, cielo raso bajo y con un jardín para cerveza. Desde ya, ni con mi mejor buena voluntad hubiera llegado solo a ese Pub.

Un lugareño en Ilha Grande nos recomendó un lugar para comer que era una casa de familia, que básicamente había que tocar timbre, te abrían la puerta y en el patio de la casa comías. De más está decir que era una delicia lo que se comía ahí.

Hablar con gente del lugar es fundamental para organizarse, para ver a donde ir y para descartar lugares. Mezclarse con los demás, escuchar y tomar nota es garantía de una mejor toma de decisiones, obviamente, siempre está el riesgo de hacer algo que a otro le gusta y a uno no, pero la verdad, es que la probabilidad es baja.

Meia Volta

Uno de los paseos que se puede hacer en Ilha Grande es la media vuelta a la isla, las agencias de turismo te muestran fotos para cebarte y hacerte decidir por hacerla, pero no conforme con eso, nosotros recibimos un discurso de venta que fue de lo mejor que escuché desde que estoy en Brasil. Este pibe Pablo nos dice “Está bueno, porque la lancha para en un lugar en donde hay un helicóptero hundido, en donde viajaban 7 personas y nunca se encontraron los cuerpos. Nosotros siempre tenemos la esperanza que en las excursiones encontremos alguno”. La excursión requiere que haya un mínimo de suscriptos y el medio de locomoción es un botecito pequeño pero de buena velocidad que te changa hasta ciertos puntos clave de la isla. Nosotros teníamos pagada la excursión Lagoa Azul, lugar que estaba incluido en este trayecto, pero agregando unos reales más, teníamos la Media Vuelta, así que como la mañana increíblemente estaba linda, decidimos embarcarnos. En la lanchita aparte de nosotros, venían dos gallegas y una pareja brazuca, el flaco era un gorilón infernal, un oso, gigante mal, ¡pobre espalda de la flaca!

El trayecto arrancó sin atenuantes, primero para salir de la bahía de Abraaxo fue tranquilito, después cuando vio que el mar estaba calmado, el flaco quita a fondo y a los pedos. Ya no me gustaba tanto el viajecito porque rebotaba como zapallo en carro y veía que las cosas pasaban a buena velocidad. Fuera de eso, llegamos a nuestro primer destino que fue Lagoa Verde en donde pudimos hacer snorkeling con un equipo que nos habían prestado en la agencia. No va a ser un antes y un después en mi vida el snorkeling ese, pero estaba lindo, el lugar tenía muchos peces y se podía nadar alrededor de ellos. A partir del mediodía, como no podía ser de otra forma, se empezó a nublar mal, y ya el calorcito que daba el sol matinal iba paulatinamente desapareciendo, entonces, cuando la lanchita salpicaba, ya dejaba de gustarte porque te daba frío en vez de refrescarte. Tal fue así que en el momento en que pasábamos por la zona del helicóptero hundido ni paramos porque nadie se iba a tirar al agua a verlo.

Fuimos para Lagoa Azul, en donde repetimos sistema, hicimos snorkeling y nadamos un poco. Cuando Gorilón se tiraba al agua decía “Esta Geeelaaaadaaaa” y yo pensaba, si ese tipo que fácil debe tener una piel de 5 cm de grosor, más otros 10 cm de pelos siente frío, yo que si bien estoy gordito, cuando me tire hago la gran Walt Disney y me quedo ahí. Junté valor y tomé una bravía decisión, me arrojé al vacío cayendo en el agua. Efectivamente, estaba helada, pero nadando un poco ya te acostumbrabas. Luego de la Lagoa Verde fuimos a almorzar a un restaurant que estaba en el medio de la playa, en donde comimos rabas y fritas, bien livianito, para seguir con el día.

Los brasileros tienen un problema con el frito, cada cosa que uno pide frito, pareciera que está freído con Bardhal o con algo así porque cae ultra pesado, el hígado se quiere ir corriendo después de unas cosas fritas. Acá es todo frito y todo lo que pedís inexorablemente viene con papas fritas y arroz. Luego de comer, caminamos un poco por la playa y emprendimos el regreso. Todo indicaba que el regreso iba a ser igual que la ida, pero no, el clima había cambiado y había un oleaje infernal y ya la lanchita dejaba de ser divertida para ser el Titanic. Agarraba las olas y golpeaba el casco contra el mar, salpicando un montón y ya estando sin rastros del sol, hacía un frío importante. Las gallegas que venían en el fondo de la lancha estaban completamente empapadas y con piel de pollo a más no poder. El oleaje se ponía cada vez peor y hubo que re estibar la lancha para que los golpes que daba el casco contra el mar no produzcan roturas, porque ahí sí, estábamos jugados. La cara de la Negra estaba entre terror y horror, no me di cuenta bien cual era, pero definitivamente no la estaba pasando bien. Por suerte, llegamos sanos y salvos y me tiré al piso a besar el muelle cuando llegué, la verdad que la lanchita con un día picado ni da.

La excursión es muy linda, pero nuevamente, depende horrores del clima, está visto que cuando había sol, la pasamos muy bien y cuando se complicó el clima, ya no nos gustó ni mierda.

Ilha Grande

Hace más de 6 días que no escribo y estoy buscándole la vuelta a lo que fue la estadía en Ilha Grande, probablemente sea más de un post porque hay un cúmulo de sentimientos desencontrados nuevamente que hicieron que nuestra estadía sea por momentos muy buena, por otros fastidiosa, por otros aburrida y por otros amistosa. Desde el hotel de Rio un Honda Civic nos changó los más de 100 kms que separan Rio con Angra dos Reis, que en sí, Angra no tiene nada excepto ser el punto de contacto con Ilha Grande. Las barcazas que hacen de trasporte salen desde ahí. Otra vez era un día de mucha lluvia y finalmente llegamos al puerto, en donde vimos la amedrentadora barcaza que estaba dispuesta a llevarnos de un lado hacia el otro. Amedrentadora porque lucía como un barco que se había hundido, lo reflotaron, un poco de Blem y a la mierda, se sigue usando. Tenía notables marcas de un uso desmedido, día tras día y sin reparo por el clima. Las marcas de la pintura saltada por las salpicaduras del agua salada lo demostraban en cada punto de la barcaza. No conforme con que el estado de la barcaza sea lamentable, era el medio de trasporte por el cual se hacían llegar las vituallas a la isla, de pronto el piso se vio cubierto de packs de gaseosas, papel higiénico, mucha verdura, fruta y hasta cajones de hielo con pescado que sobresalían. Solamente faltaban las gallinas corriendo, el resto estaba entero.

Luego de casi dos horas de andar, nuevamente con el clima espantoso, llegamos a Ilha Grande, en donde la barcaza ancló sobre uno de los dos muelles que están en la localidad de Abraaxo. Uno de los muelles es para la entrada y salida de barcos de conexión con tierra firme, y el otro muelle es para las excursiones. El muelle parecía bastante pintoresco, muchos botes y barquitos moviéndose al compas de las olas de un mar un poco despiadado por la tormenta en donde el proceso de anclaje parecía ser así. “Uh, hay un hueco, mandate, anclá y vamos a escabiar”

En el muelle nos teníamos que encontrar con alguien que porte un cartel con el nombre de la Negra, ya que todo estaba a nombre de ella. Un pelirrojo llamado Pablo era quien lo tenía. Pablo, muy gentil, nos esperó con dos paraguas ya que la lluvia seguía persistente. Al mismo tiempo otro flaco se encargaba del equipaje, atentamente nos changó las dos valijas hacia la posada. Pablo también estaba esperando a una mujer de arriba de 50 años con cara de haber viajado por todos lados y de haber vivido mucho, llamada Fiona. Fiona era inglesa y su primer comentario fue que ya estaba acostumbrada a la lluvia. No me sorprendió en absoluto el comentario.

Luego de caminar por unas calles castigadas por el clima llegamos a la posada Caúca, donde finalmente nos íbamos a hospedar por las próximas 6 noches. La posada bien, no era nada del otro mundo, pero era lo que necesitábamos, una cama, y un baño, punto. Al instante de haber llegado, me quise dar un baño, pero la presión del agua era tan poca que casi me pongo a llorar. A mí me gusta la presión del agua casi como de hidrolavadora, y esto era un tipo con un gotero arriba de mi cabeza. No es justo.

La primer lección aprendida de este viaje y ya la quiero compartir, es que nunca hagan un viaje en donde todo dependa del clima. Busquen lugares con alternativas por si llueve, si está feo, si graniza o nieva, pero que se pueda hacer algo. Ir a una isla en donde las atracciones son el mar y la playa, con 6 días de lluvia como nos tocó a nosotros, puede fastidiar y mucho. No obstante, seguiré en otros posts poniendo cosas buenas de Ilha Grande.

Lopes Mendes

Al día siguiente de haber llegado a Ilha Grande, decidimos ir luego de un desayuno simple a la agencia de turismo en donde nosotros teníamos pre bookeadas dos excursiones. Una era a Lagoa Azul y la otra a Praia Lopes Mendes. Tenía excelentes referencias de Lopes Mendes y como el día estaba bastante lindo, optamos por ir ahí. Para llegar a Lopes Mendes había que subirse a un barquito quien gentilmente te llevaba hasta otra playa y de ahí tenías una caminata de unos 20 minutos hasta la playa de Lopes Mendes. El viaje en el barquito fue corto, no hubo traspiés en el mismo y sin inconvenientes llegamos al muelle destino, luego ahí nos dijeron amablemente que sigamos el sendero que nos llevará a la playa tan deseada.

El sendero era el sendero de la muerte. Teníamos que subir morros, bajadas peligrosas, barro, muy patinoso, recontra exigente y desgastante. La Negra estaba con un nivel de fastidio importantísimo, hacía calor, estaba lleno de bichos y de la playa ni noticias. Llegamos a la playa. La verdad, valió la pena el esfuerzo. Yo no soy un tipo de mucha playa, de hecho son muy pocas las veces que fui a playas, pero esta playa era evidente que estaba buena. La arena sin llegar a ser blanca, tenía un bello tono blancuzco y cuando la pisabas hacía como un sonido dulce de bienvenida, se sentía muy suave en los pies. Caminamos unos metros en busca de un poco de sombra y mientras caminábamos, las analogías con la isla de Lost no tardaron en llegar. La playa tiene forma de bahía de varios kilómetros de largo y unos 30 metros de profundo de arena hasta llegar a una pared de vegetación, constituida entre otras cosas por palmeras. A los costados de la bahía y en el fondo se ven morros, con lo cual hace que la pared de vegetación sea más alta, y también llegando a las puntas de las bahías hay piedras de gran porte, que añade belleza según mi criterio, le da un toque caribeño sensacional. El mar es bastante agitado contra lo que yo suponía y tenés gran cantidad de surfers practicando e inclusive tenés dos pibes que te alquilan tablas de surf. El tipo que hace surf, tiene su propio equipo, y el que no sabe surf y alquila una tabla a ver qué onda, pone en riesgo su vida, con lo cual decidí no alquilar tablita de surf.

Como era de esperar también, varios chicos vendiendo gaseosas y cervezas ya que el calor era extenuante; refrescarse en esos momentos es clave, sino, la podés pasar mal. Con la Negra nos tiramos a la arena y a los 10 minutos ya el aburrimiento nos mató, así que decidimos ir al mar. El mar estaba lindo, pero tenía unas correntadas infernales, lo que no quitó que nos metamos igualmente. También hicimos varias caminatas y finalmente nos volvimos.

Cuando estábamos esperando el barco de vuelta, Fiona aparece nuevamente en escena y esta vez decidimos ponernos a hablar con ella, era raro, parecía que la mina me había seguido durante mi estadía en Inglaterra. Vivía cerca de Bristol y había trabajado muy cerca de Camberley. ¡Y Camberley es muy chico como para que mucha gente trabaje cerca de ahí! Fiona nos contaba que iba por un casamiento de una amiga de ella que era brasilera y se casaba en Belo Horizonte.

Me encanta de los viajes que uno siempre se puede poner a charlar con gente de todo el mundo y uno siempre encuentra algún punto de contacto o algo en común a pesar de ser almas dispersas en el mundo.

Luna de Miel

Me encanta escribir en este blog. Quiere decir que algo está pasando a nivel viajes, o bien estoy preparando uno o bien lo estoy disfrutando. El caso actual es que lo estoy disfrutando. Estamos de Luna de Miel con Vale en Brasil, un destino el cual habíamos postergardo y que luego de hacer números hemos elegido.

El recorrido de Brasil es simple, 4 noches en Rio de Janeiro, 6 noches en Ilha Grande y 4 noches en Parati. Tiene de todo, en Rio tenés quilombo y después ya lo vas aminorando hasta llegar a Parati que no hacés un corno durante todo el día.

Gracias a los regalos que hemos recibido por el casorio, hemos podido financiar satisfactoriamente esta luna de miel, así que aprovecho a dejar un enorme agradecimiento a toda la gente que nos aguantó para que podamos volver a viajar.

Llegamos el sábado 15 de Nov, totalmente rotos, estábamos sin dormir y apenas cabeceamos un poco esperando el avión y tambien en el avión. Llegamos al hotel de Rio, bastante lindo, dice ser 4 estrellas y lo sostiene a base de mostrar comodidades, y nos tiramos rendidos a dormir. Todo el tema del casorio nos había exterminado, el cansancio acumulado que teníamos era letal, valio la pena, pero fue extremadamente desgastante. Dormimos apenas 8 hs (nos despertamos de noche) y fuimos a comer a un restaurant por Copacabana.

Rio tiene varias playas, las dos más importantes son Copacabana e Ipanema, luego tiene la playa de Botafogo, Flamengo y Leblon. El hotel está a 2 cuadras de Copacabana y unas 5 de Ipanema, pero como no teníamos muchas ganas de salir a caminar fuimos hasta Copacabana en donde por toda la costa tenés restaurantes con una infraestructura muy parecida a Mar del Plata. Nos metimos en uno en donde había quilombo y nos clavamos una Feijoada. Mamadera, ¡qué pesado que era! aparte, una cantidad industrial de morfi.

Vamos a seguir recorriendo por todos estos lares, espero que Brasil esté a tono con lo que nosotros estamos esperando!