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De Sultan Ahmed a la Grand Centraal

Así como mencioné los motivos por los cuales no soy demasiado amante de la playa, quería comentar en este post el porqué si soy amante de los recorridos por ciudades. No es el único tipo de recorrido del cual soy amante, pero bien se contrapone con lo que es el prototipo playero.

Recorrer las ciudades por mi cuenta me dan una adrenalina increíble, sobre todo si la ciudad no habla el mismo idioma que yo (español, natural e inglés me defiendo). Por ejemplo cuando llegué a Amsterdam por primera vez. Bajé en el aeropuerto, me fui en un tren hasta la Grand Centraal y de ahí, a modo casi intuitivo tomé un Tram que me llevaba cerca del hostel al cual iba y que finalmente llegué. Recuerdo tener un mapa en mi mano y no poder retener los nombres de las calles y tratar de ir comparándolos con los que leía en los carteles y no eran ni parecidos. Más de uno que lee puede pensar que básicamente me gusta perderme, pero no es así, el ir prestando atención hasta llegar a un destino es genial.

The Sultan AhmedLo mismo me pasó en Estambul, ya con mi mujer, una pequeña van nos llevó y nos dijeron que nos teníamos que bajar cerca de la estación de Metro de SultanAhmed, de ahí tomar el Metro y luego “caminar”. Costó mucho llegar, pero el hecho de decir, pude llegar sin necesidad de un taxi me dio buena adrenalina.

Fuera de esos dos casos concretos en donde tenía que ir a lugares específicos, me gusta salir a recorrer la calle, ver qué es lo que pasa y por supuesto encontrarme con los iconos de las ciudades. Un gran ejemplo es Roma, en donde por ejemplo, para llegar a La Fontana di Trevi, tiene que recorrer pasillos en donde sólo puede escuchar el agua, pero no puede ver a la fuente hasta que finalmente la tiene en frente. Esto sucede porque los romanos en su momento jugaban con las perspectivas y en cierto punto con el suspenso de llegar a la Fontana. La sensación de ir caminando y que se vaya escuchando el ruido del agua cada vez más fuerte y no poder hacer contacto visual, es buenísimo, sólo los romanos pueden hacer estas cosas.

En otros aspectos hay edificios o construcciones que son tan imponentes por sí solos que ya hacen que el viaje valga la pena. La Torre Eiffel es algo así, he ido a Paris tres veces y cada vez que voy me quedo horas mirando la Torre sin motivo alguno, simplemente mirándola, y mirándola, y mirándola … y sin tener en cuenta a la noche que hay juego de luces sobre ella.

Ni mencionar el Big Ben en Londres que lo he visto cientos de veces y no obstante tiene una belleza que me incauta, lo he mirado desde todos los ángulos posibles y así y todo me sigo sacando fotos con él. Espero ansiosamente las campanadas cuando la hora es en punto y me sorprende que sea un edificio de más de 200 años y luzca como si hubiera sido terminado ayer.

Simplemente la atracción que siento a este tipo de cosas es muchísimo más fuerte a la de no hacer nada en una playa.

Paris – La ciudad de la luz

Seguramente todo el mundo sabe de las cosas que hay en Paris, todo lo que hay por hacer y todo lo que hay por ver. Siempre vieron fotos de la torre Eiffel, Arco de Triunfo, el museo del Louvre, Les Invalides, Notre Dame y muchos otros íconos dentro de la ciudad. El post este va a ser más del lado lo que uno siente cuando está en Paris.

Confieso que he ido en 3 ocasiones y las 3 veces me impactó de la misma manera. La ciudad se vive mucho en la calle, tiene una vida increíble y que contagia. Todas las calles están inundadas de los cafetines con toda la gente en la vereda sentada al sol (si el clima acompaña) disfrutando de los cafés. La disposición de las sillas es curiosa con respecto a lo que yo estoy acostumbrado, están orientadas todas a la calle. Es decir, si vos vas con tu novia a tomar un café, no te sentás viendola a ella, sino que ambos se sientan y miran a la calle.

El barrio latino es muy colorido y muy bohemio, las calles están ocupadas por artistas que usan su talento haciendo retratos o paisajes vistosos en donde siempre se acercan los curiosos y por qué no, los amantes del arte en búsqueda de algunas de esas obras. La fisonomía de los artistas también denota horas de estar al aire libre concentrados con su trabajo y el contacto con la gente.

Otra cosa que recuerdo muy gratamente es el caminar desde el Louvre hasta el Arco de Triunfo por los Champs-Élysées. Basicamente es un recorrido en donde hay muchos jardines en donde hay reposeras para descansar o bien contemplar las fuentes, hay también algunas esculturas y un césped excelente para reposar. Al final de los jardines está la avenida que está plagada de comercios de ropa de primera línea. Es imponente cómo se ve el Arco ya que la avenida es perpendicular al mismo y se ve en todo su esplendor. Es gracioso, porque cuando estás lejos, parecería que el Arco tiene como “cabello”, pero resulta que cuando te vas acercando, te das cuenta que son un montón de personas que están posando sobre la terraza y efectivamente, el Arco no tiene cabello.


Ver Champs-Élysées en un mapa ampliado

Paris es una ciudad sobre la cual voy a volver a escribir varias veces ya que tiene muchos rincones dignos de ser recorridos.

A escribir un ratito se ha dicho

Bueno, la verdad es que no escribí nada durante mi estadía en París por diferentes motivos, uno, es que me la pase paseando por todos lados y en los momentos en que medianamente tenía tiempo lo usaba para masajearme las piernas después de haber caminado 16km en un solo día. También usé el tiempo para dormir un poco, realmente, dormí menos que en días de total bardo en el laburo, nos acostábamos a la 1 de la mañana y quizás a las 8 ya estábamos arriba.

París es una ciudad increíble, no descubro nada diciendo esto, pero a pesar que yo ya había ido 2 veces la aprecié como si jamás hubiera ido. París tiene un encanto jodidísimo de describir, te enamorás de la ciudad a los 5 segundos de estar ahí. Hay cosas que son parte de la fisonomía de la ciudad que uno sabe perfectamente que está ahí; aparte de todos los íconos que tiene, Torre Eiffel, Arco de Triunfo, Notre Dame, Saint Chapelle, El Louvre, Champs Ellisé, Sacre Caere y más boludeces, tiene cosas como el barrio Latino, los barcitos instalados en las calles con todas sus sillas apuntando para la calle, mientras todos se disponen a beber algo y viendo pasar la gente, la moda de todo el mundo, todos sos fashion, todos se visten a la última moda y usan bufandas por más que haga 35 grados a la sombra.

Es una ciudad de artistas, uno camina por la calle e intentan dibujarlo, ves muchos turistas sentados siendo pintados por personas que están ahí ganándose un mango. De las 3 veces que fui a París, definitivamente esta fue la más exhaustiva, visité todo lo que se podía visitar en 5 días y realmente lo disfrutamos. Los últimos dos días, alquilamos un carro, un Citroën C1 (es a pedal, pero rendidor) y nos fuimos a Versallies. Ya que estoy, voy a escribir un párrafo aparte para Versallies. Versallies es básicamente un quilombo de gente, 5 millones de chinos todos conglomerados en lotes de personas tratando de filmar (¿?) una columna, en realidad, de los chinos ¡voy a hacer otra columna aparte! Versallies es un mundo de personas, para sacar el ticket de entrada te comés media hora de cola de onda, tenés 2 boludos vendiendo entradas para miles. El ticket, cuesta solamente €13.50 … demás está decir que es una locura, no lo vale ni ahí. El chateau por dentro es impresionante, pero hay tanta gente que te empuja por sacar una foto, que no podés apreciar nada. El salón de los espejos que tiene unas arañas infernales, se ve sumamente opacado con la gente que hay, miles de cabecitas en donde cualquier foto que saques, sale un chino. Luego de visitado el chateau, que es grande, pero estresante, querés ir al baño. El baño es impresentable, teniendo en cuenta que hay como 3000 personas en Versallies a la vez, ¡hay 2 mingitorios y un inodoro! Un quilombo de gente para usarlos, tenés que hacer cola. Después de eso, tenés los jardines. Unos jardines de puta madre, mil kilómetros de pastito meticulosamente cuidado que realmente es precioso. Como los jardines son enormes, encontraron un negocio extra y te alquilan carritos como si fueran los de Golf, pero para recorrer los jardines ¡a €28 la hora! Pensar que casi por esa plata alquilás una Limo por medio día. Versallies es hermoso, pero hay tanta gente que se hace realmente complicado apreciarlo como se debe.

Por suerte, la Negra y yo, con nuestro C1, fuimos a otros Chateaus con casi nadie de gente, y pudimos apreciar muchísimo mejor las cosas, primero fuimos a Fountaine Bleu, increíbles las instalaciones, la decoración, la ornamentación de las paredes y todo el mobiliario, digno de una familia real. Es buenísimo, la gente esa se rascaba el hongo a 4 manos y la pasaban mucho mejor que cualquiera de nosotros. Después de Fountaine Blue, fuimos a Beaux le Viconde, cuyos jardines no tienen nada que envidiarle a los de Versailles, de hecho, fueron hechos por el mismo paisajista.

Los franchutes tienen un fetiche increíble con el tema de las flores, plantitas, jardines y arreglos, que cualquiera en Argentina diría que es puto, pero la verdad, es que como contraparte de lo que es un Chateau, los jardines esos son un caño, realmente recomiendo verlos en alguna oportunidad. Por consiguiente, si uds quieren seguir mi consejo, vayan a Fountaine Bleu y Beaux le Viconde y obtienen un mix perfecto entre chateau y jardín. La plata que pagan quizas son €2 más, pero se van de ahí completamente maravillados. De Versallies me fui como si hubiera manejado por Córdoba y Alem a las 7 de la tarde.

Ahora vamos con el nuevo capítulo aparte: Los Chinos. Cabe mencionar que yo le digo chino a cualquier persona que tenga sus ojos rasgados, no me importa si es japonesa, coreana, camboyana o vietnamita. Es chino. Punto. Los chinos tienen una general falta de respeto hacia el prójimo, cada vez que se mueven, empujan indiscriminadamente con tal de conseguir posición para poder filmar. Se te meten delante de una foto que podés estar sacando, gritan y alteran cualquier orden. En el Louvre, para ver a La Mona Lisa, todos corriendo en manada, a los gritos y filmando el recorrido hacia la espectacular obra de Leonardo Da Vinci. Muchas veces me pregunto ¿porqué filman tanto?, ¿acaso no disfrutan viendo las cosas? Para mi terminan viendo sus vacaciones por tele. No hay motivo para que uno tenga necesidad de filmar un cuadro. La verdad, que los chinos los encontrás siempre en todos lados, siempre haciendo quilombo y filmando, no importa qué, ni cuando, siempre hacen lo mismo y evitan que uno disfrute como turista las bellezas que los lugares tienen.

Hecho mi descargo, voy a seguir contando un poco más sobre París mientras estoy volando hacia Grecia escuchando Radiohead (The Tourist). La Torre Eiffel. Voy a ahondar un poco sobre ella. La Torre Eiffel es una de las cosas más grandiosas que vi en mi vida. Es increíble por donde se la mire, la maldita torre tiene más de 120 años y es increíblemente bella. Nosotros subimos de día, sacamos miles de fotos y apreciamos la grandeza de París como ciudad, pero también, un día que teníamos el C1, fuimos de noche. Es realmente indescriptible lo que uno puede sentir en el momento que la ve toda iluminada. Te sentís una bosta en el mundo, completamente insignificante, lo imponente que es, es decididamente imposible de transmitirlo, solamente viéndolo en carne propia uno puede entender la magnitud de la obra. Lo bueno es que a las 12.00 vimos su juego de luces. En cada hora o’clock, hace un juego de luces durante 10 minutos y es tremendo, podés estar años viendo como hace distintos juegos de luces simplemente destellando flashes que están ubicados estratégicamente por toda la torre. Hay video y fotos de eso, pero desde ya, no es lo mismo.

Vamos por un nuevo capítulo: Le Corbusier. La gente que es allegada mía, seguramente no tiene noción quién es Le Corbusier, bueno, yo estoy aprendiendo a base de golpes y de vivir con una arquitecta, voy a hacer una breve descripción de “Lecorbu” (Como le dicen los amigos) desde un punto de vista poco pragmático de una persona que no tiene idea de lo que es la Arquitectura.

Lecorbu fue un tipo que tuvo ideas 100 años antes de que en realidad se pudieran llevar a cabo, el flaco vivía 100 años adelantado. Los edificios que vi de él, no son la 8va maravilla del mundo ni mucho menos, pero he aprendido a ponerme en tiempo y lugar de cuando esos edificios fueron c
onstruidos y ahí a uno recién le cae la ficha. Lecorbu es el Jaco Pastorius de la arquitectura. Uno puede aburrirse de ver cosas de él, pero fue él quien lo inició todo.

La negra me llevó de los pelos a ver dos edificios que están por ahí en París o cerca (a uno fuimos con auto) y el tipo en los dos edificios se repitió, pero el concepto es tan claro que ya casi es una identidad. El flaco le daba muchísima bola a la terraza, a la iluminación, a la ubicación de los muebles y a que el piso de abajo esté libre de cosas. En realidad este tipo hizo fundamente en 5 cosas que la Negra me repitió, pero no retuve, pero sinceramente es lo que vi yo. Las casas que hizo este tipo, terminaron siendo inhabitables por la excesiva cantidad de luz que tenía. (Si eso lo hago yo en sistemas me matan, pero a este lo adoran) pero sin embargo daba con una buena visión de lo que iban a ser las casas de hoy en día, un concepto completamente distinto de lo que eran los espacios, no existía tan delimitadas las habitaciones sino que quizás un mueble amurado te dividía una pieza de un baño. O quizás encontrabas una cocina que entraban 35 personas. Lecorbu no es fácil de digerir y no es fácil de conocer a no ser que tengas contactos con arquitectos, lo que si rescato es que me dio gusto haber conocido dichas obras ya que muchas veces ir a las fuentes es bueno. Las casas que vimos de Lecorbu fueron: Ville La Roche-Jeanneret y La Ville Savoye

Redondeando, París es una ciudad a la cual todos los que pueden llegar a ir, deberían ir, tiene muchas cosas encantadoras y que uno no ve a menudo. Las atracciones que tiene también son un caño, una ciudad de muchos íconos distintos y uno mejor que el otro. Aparte, también hay cosas más escondidas como toda la parte de Lecorbu y los Chateaus que no siempre están dentro de los recorridos tradicionales. Así que muchachos, junten unos mangos y tomensé un aeroplano para la ciudad de la luz, realmente vale la pena.