Posts tagged Playa

No culpes a la playa

Estuve hablando con varios amigos sobre destinos de pocos días, de 15 días y de muchos más días y siempre llego a la misma conclusión. No soy una persona a la cual le gusta la playa. En realidad, no es que no me gusta, sino que no la disfruto, claramente puedo decir si una playa es linda, es fea, si tiene comodidades, si no hay ni agua potable e inclusive, puedo intuir si una playa va a ser disfrutada por alguien que es amante de las playas.

El principal problema que tengo con las playas es que me aburro. Estoy tirado al sol, lo puedo tolerar entre 5 y 10minutos; me pongo a leer entonces, saco un libro inmenso que fue difícil de trasportar y leo las primeras 2 hojas y ya

Ilha Grande – Brasil

me siento sin ganas de leer. Me levanto, miro para todos lados, y me pongo a caminar. Camino hasta “aquella piedra” y vuelvo. Vuelvo. Me compro una gaseosa/cerveza o lo que haya, me siento de nuevo en la arena, disfruto del refrigerio. Me voy al mar un rato, vuelvo con arena pegada hasta las rodillas, me seco con una toalla que siempre llevo. La sal se me seca en la piel y me empieza a molestar, me pican las piernas de la sal pegada y ya empiezo a tener calor de nuevo. Me levanto un poco más fastidioso, ya hay viento y se me llenan los ojos de arena. Veo como hay otras personas que siguen en la misma posición tomando sol desde que yo llegué y yo ya hice todo lo que era posible hacer en una playa.

Me vuelvo a un lugar con sombra. Si la playa tenía parador o bar, la cosa cambia, me puedo quedar un buen rato ahí observando, pero para quedarme a la sombra, para qué voy a la playa cuando puedo ir a pub.

Cuando era más pequeño siempre fui de vacaciones a la playa con mis padres, en ese momento no superaba los 14 años y en ese momento no me resultaba tan complicado divertirme, el sol sentía que no me hacía nada y disfrutaba mucho más estar en el mar, los años lograron que estar en una bonita playa de Brasil pueda convertirse en una excursión de sólo una hora.

Dejo algunas preguntas que me estuve haciendo.

¿Qué es lo que tanto disfruta la gente de la playa?

¿No tienen calor después de estar cinco horas de estar expuestos al sol?

¿Cómo hacen para no aburrirse?

Insisto, lo peor de todo, es que he recomendado playas a mucha gente y me lo han agradecido.

Ilha Grande

Hace más de 6 días que no escribo y estoy buscándole la vuelta a lo que fue la estadía en Ilha Grande, probablemente sea más de un post porque hay un cúmulo de sentimientos desencontrados nuevamente que hicieron que nuestra estadía sea por momentos muy buena, por otros fastidiosa, por otros aburrida y por otros amistosa. Desde el hotel de Rio un Honda Civic nos changó los más de 100 kms que separan Rio con Angra dos Reis, que en sí, Angra no tiene nada excepto ser el punto de contacto con Ilha Grande. Las barcazas que hacen de trasporte salen desde ahí. Otra vez era un día de mucha lluvia y finalmente llegamos al puerto, en donde vimos la amedrentadora barcaza que estaba dispuesta a llevarnos de un lado hacia el otro. Amedrentadora porque lucía como un barco que se había hundido, lo reflotaron, un poco de Blem y a la mierda, se sigue usando. Tenía notables marcas de un uso desmedido, día tras día y sin reparo por el clima. Las marcas de la pintura saltada por las salpicaduras del agua salada lo demostraban en cada punto de la barcaza. No conforme con que el estado de la barcaza sea lamentable, era el medio de trasporte por el cual se hacían llegar las vituallas a la isla, de pronto el piso se vio cubierto de packs de gaseosas, papel higiénico, mucha verdura, fruta y hasta cajones de hielo con pescado que sobresalían. Solamente faltaban las gallinas corriendo, el resto estaba entero.

Luego de casi dos horas de andar, nuevamente con el clima espantoso, llegamos a Ilha Grande, en donde la barcaza ancló sobre uno de los dos muelles que están en la localidad de Abraaxo. Uno de los muelles es para la entrada y salida de barcos de conexión con tierra firme, y el otro muelle es para las excursiones. El muelle parecía bastante pintoresco, muchos botes y barquitos moviéndose al compas de las olas de un mar un poco despiadado por la tormenta en donde el proceso de anclaje parecía ser así. “Uh, hay un hueco, mandate, anclá y vamos a escabiar”

En el muelle nos teníamos que encontrar con alguien que porte un cartel con el nombre de la Negra, ya que todo estaba a nombre de ella. Un pelirrojo llamado Pablo era quien lo tenía. Pablo, muy gentil, nos esperó con dos paraguas ya que la lluvia seguía persistente. Al mismo tiempo otro flaco se encargaba del equipaje, atentamente nos changó las dos valijas hacia la posada. Pablo también estaba esperando a una mujer de arriba de 50 años con cara de haber viajado por todos lados y de haber vivido mucho, llamada Fiona. Fiona era inglesa y su primer comentario fue que ya estaba acostumbrada a la lluvia. No me sorprendió en absoluto el comentario.

Luego de caminar por unas calles castigadas por el clima llegamos a la posada Caúca, donde finalmente nos íbamos a hospedar por las próximas 6 noches. La posada bien, no era nada del otro mundo, pero era lo que necesitábamos, una cama, y un baño, punto. Al instante de haber llegado, me quise dar un baño, pero la presión del agua era tan poca que casi me pongo a llorar. A mí me gusta la presión del agua casi como de hidrolavadora, y esto era un tipo con un gotero arriba de mi cabeza. No es justo.

La primer lección aprendida de este viaje y ya la quiero compartir, es que nunca hagan un viaje en donde todo dependa del clima. Busquen lugares con alternativas por si llueve, si está feo, si graniza o nieva, pero que se pueda hacer algo. Ir a una isla en donde las atracciones son el mar y la playa, con 6 días de lluvia como nos tocó a nosotros, puede fastidiar y mucho. No obstante, seguiré en otros posts poniendo cosas buenas de Ilha Grande.

Lopes Mendes

Al día siguiente de haber llegado a Ilha Grande, decidimos ir luego de un desayuno simple a la agencia de turismo en donde nosotros teníamos pre bookeadas dos excursiones. Una era a Lagoa Azul y la otra a Praia Lopes Mendes. Tenía excelentes referencias de Lopes Mendes y como el día estaba bastante lindo, optamos por ir ahí. Para llegar a Lopes Mendes había que subirse a un barquito quien gentilmente te llevaba hasta otra playa y de ahí tenías una caminata de unos 20 minutos hasta la playa de Lopes Mendes. El viaje en el barquito fue corto, no hubo traspiés en el mismo y sin inconvenientes llegamos al muelle destino, luego ahí nos dijeron amablemente que sigamos el sendero que nos llevará a la playa tan deseada.

El sendero era el sendero de la muerte. Teníamos que subir morros, bajadas peligrosas, barro, muy patinoso, recontra exigente y desgastante. La Negra estaba con un nivel de fastidio importantísimo, hacía calor, estaba lleno de bichos y de la playa ni noticias. Llegamos a la playa. La verdad, valió la pena el esfuerzo. Yo no soy un tipo de mucha playa, de hecho son muy pocas las veces que fui a playas, pero esta playa era evidente que estaba buena. La arena sin llegar a ser blanca, tenía un bello tono blancuzco y cuando la pisabas hacía como un sonido dulce de bienvenida, se sentía muy suave en los pies. Caminamos unos metros en busca de un poco de sombra y mientras caminábamos, las analogías con la isla de Lost no tardaron en llegar. La playa tiene forma de bahía de varios kilómetros de largo y unos 30 metros de profundo de arena hasta llegar a una pared de vegetación, constituida entre otras cosas por palmeras. A los costados de la bahía y en el fondo se ven morros, con lo cual hace que la pared de vegetación sea más alta, y también llegando a las puntas de las bahías hay piedras de gran porte, que añade belleza según mi criterio, le da un toque caribeño sensacional. El mar es bastante agitado contra lo que yo suponía y tenés gran cantidad de surfers practicando e inclusive tenés dos pibes que te alquilan tablas de surf. El tipo que hace surf, tiene su propio equipo, y el que no sabe surf y alquila una tabla a ver qué onda, pone en riesgo su vida, con lo cual decidí no alquilar tablita de surf.

Como era de esperar también, varios chicos vendiendo gaseosas y cervezas ya que el calor era extenuante; refrescarse en esos momentos es clave, sino, la podés pasar mal. Con la Negra nos tiramos a la arena y a los 10 minutos ya el aburrimiento nos mató, así que decidimos ir al mar. El mar estaba lindo, pero tenía unas correntadas infernales, lo que no quitó que nos metamos igualmente. También hicimos varias caminatas y finalmente nos volvimos.

Cuando estábamos esperando el barco de vuelta, Fiona aparece nuevamente en escena y esta vez decidimos ponernos a hablar con ella, era raro, parecía que la mina me había seguido durante mi estadía en Inglaterra. Vivía cerca de Bristol y había trabajado muy cerca de Camberley. ¡Y Camberley es muy chico como para que mucha gente trabaje cerca de ahí! Fiona nos contaba que iba por un casamiento de una amiga de ella que era brasilera y se casaba en Belo Horizonte.

Me encanta de los viajes que uno siempre se puede poner a charlar con gente de todo el mundo y uno siempre encuentra algún punto de contacto o algo en común a pesar de ser almas dispersas en el mundo.

Me Rio de Janeiro

Rio es una ciudad que genera muchos sentimientos desencontrados en el mismo minuto. Esta es mi segunda vez en Rio y si bien ya la vez pasada había tenido esa sensación, ahora la confirmé. Rio es una ciudad como que fue furor hace 30 años y por algún motivo (seguramente dejó de ser redituable) se abandonó, y las cosas están abandonadas o se siguieron usando como se pudo. Rio podría ser una ciudad muchísimo mas glamorosa y bonita de lo que es, pero la enorme cantidad de favela que hay hace que mires para donde mires, siempre veas pobreza extrema. Son kilómetros y kilómetros de favela, todos los morros están colmados de casas muy precarias con ladrillo a la vista y siempre la ropa colgada de la ventana. Nos decían, esta favela, es la más grande, tiene 350.000 habitantes. Esa es una favela, hay cientos de favelas, millones y millones de habitantes en favela.

Entonces, vos te tomás la excursión para ir al Corcovado, y por el camino pasás por 30 villas distintas, entonces medio que el viaje no lo disfrutás, llegás al Corcovado y te pasa como a nosotros, que había una nube que lo tapaba, no se veía un carajo y solamente le podés sacar fotos al cristo. Bajás, y nuevamente el trayecto lleno de favela. Las únicas partes que no tienen favela es lo que da a las costa, digamos 5 cuadras para adentro, que ya arranca el morro, ya es favela, entonces de noche, no da para ir a ningún lugar porque estás seguro que te la van a poner.

Las calles están hechas mierda, la ciudad está sucia y el ruido es infernal, aunque por otro lado uno camina por Copacabana o por Ipanema y es una belleza, es recontra lindo y pensás porqué mierda no es así toda la ciudad.

En Rio hicimos recorrido básico, Corcovado, Pan de Azucar (que también estaba nublado y se veía poco), Maracaná y Zambódromo. Lo hicimos todo el mismo día con una excursión, la verdad, muy conforme con el servicio prestado. Hubo comilona en el medio que estaba incluida en la excursión, en donde se pudo charlar con otros de los integrantes del tour para luego volver.

A no ser que conozcas Rio de memoria o estes con alguien que sea lugareño, no hagas las cosas por vos solo porque el riesgo de terminar muerto en una zanja es alto. Ya con solo ver los edificios cómo están cercados te da una pauta de la delincuencia que hay. Rio es lindo, pero no hay que abusar.

Luna de Miel

Me encanta escribir en este blog. Quiere decir que algo está pasando a nivel viajes, o bien estoy preparando uno o bien lo estoy disfrutando. El caso actual es que lo estoy disfrutando. Estamos de Luna de Miel con Vale en Brasil, un destino el cual habíamos postergardo y que luego de hacer números hemos elegido.

El recorrido de Brasil es simple, 4 noches en Rio de Janeiro, 6 noches en Ilha Grande y 4 noches en Parati. Tiene de todo, en Rio tenés quilombo y después ya lo vas aminorando hasta llegar a Parati que no hacés un corno durante todo el día.

Gracias a los regalos que hemos recibido por el casorio, hemos podido financiar satisfactoriamente esta luna de miel, así que aprovecho a dejar un enorme agradecimiento a toda la gente que nos aguantó para que podamos volver a viajar.

Llegamos el sábado 15 de Nov, totalmente rotos, estábamos sin dormir y apenas cabeceamos un poco esperando el avión y tambien en el avión. Llegamos al hotel de Rio, bastante lindo, dice ser 4 estrellas y lo sostiene a base de mostrar comodidades, y nos tiramos rendidos a dormir. Todo el tema del casorio nos había exterminado, el cansancio acumulado que teníamos era letal, valio la pena, pero fue extremadamente desgastante. Dormimos apenas 8 hs (nos despertamos de noche) y fuimos a comer a un restaurant por Copacabana.

Rio tiene varias playas, las dos más importantes son Copacabana e Ipanema, luego tiene la playa de Botafogo, Flamengo y Leblon. El hotel está a 2 cuadras de Copacabana y unas 5 de Ipanema, pero como no teníamos muchas ganas de salir a caminar fuimos hasta Copacabana en donde por toda la costa tenés restaurantes con una infraestructura muy parecida a Mar del Plata. Nos metimos en uno en donde había quilombo y nos clavamos una Feijoada. Mamadera, ¡qué pesado que era! aparte, una cantidad industrial de morfi.

Vamos a seguir recorriendo por todos estos lares, espero que Brasil esté a tono con lo que nosotros estamos esperando!